martes, 12 de julio de 2011


Me gustaría ir a París, mientras me subo a lo alto de la Torre Eiffel y veo toda Francia. ¿Después? A Italia, donde me haré la típica foto donde yo, con toda mi fuerza y valentía, sujetaré la Torre de Pisa para que no se caiga. ¿Luego? A Londres, donde intentaré hacer reír a los guardias de seguridad con mis caras más extrañas y mis chistes malos. ¿Siguiente? A Las Vegas, donde me gastaré la ostia de dinero en el casino para no ganar ni un centimo pero podré decir: ¡Viva a Las Vegas, baby!. ¿Aún más? Pues me iré a Nueva York, sí, y me subiré a la Estatua de la Libertad y veré como todo Manhattan amanece. ¿Y por último? Yo siempre digo que lo mejor, para el final. Por último me iré a Los Ángeles. Arrasaré en todas las tiendas de Beverly Hills, mientras me gasto casi todos los ahorros que me quedan en ropa. Luego, en Hollywood, iré mirando cada una de las estrellas del Paseo de la Fama y me haré una foto con la inmensa mayoría mientras sonrío bebiéndome mi Starbucks. También, me haré fotos junto al cartel de Hollywood, señalándolo con una gran sonrisa en mi cara diciendo: Sí, estoy en L.A. Y al final, me subiré a lo alto del mirador y miraré por última vez todo Los Ángeles. Pero cuando vuelva aquí, me esperará lo mejor,me esperarás tú

Una mirada puede ilusionarte, puede hacerte sonreir, puede comunicarte
algo sin necesidad de decir nada, puede hacerte comprender, puede
demostrarte amor, cariño, amistad, pero esa misma mirada puede dañarte,
herirte en lo mas hondo, hacerte sufrir, te roba la ilusión, todo eso
que soñaste, imaginaste, lo puedes perder con una sola mirada, y esque
cuando sientes que los ojos de aquel que amas ya no te miran de la
misma manera sufres, sufres porque toda la ilusión que tenias se rompe
en mil pedazos… En fin, una mirada puede martarte y devolverte la
vida, a su antojo.
No se trata de ir por la vida con una sonrisa de oreja a oreja para demostrar que soy feliz. Se trata de reir sin darme cuenta, de soñar despierta y no acordarme después, de jugar con fuego, quemarme, y aun así reir, porque es lo único que puedo hacer, esa sonrisa que se convierte en carcajada en menos de un segundo, y que más tarde, llegará a formar parte de esos momentos irrepetibles que componen mi felicidad.